Espectáculos

El pasado visto por los niños: libro recopila fotografía artesanal en Chavín

(Foto: Taller Helios)

Un mar de luciérnagas alfombra los prados que rodean la huaca Kuntur Wasi (1100 a. C. – 50 a. C.). Para que desde las cimas del cerro La Copa, veinte niños cajamarquinos de la comunidad aledaña de San Pablo fotografíen el fenómeno. Destellos de luz sobre sus primorosas piedras talladas, sus cuatro monolitos antropomorfos. Hacia el sur, descendiendo por la impresionante Portada de las Falcónidas, trece escolares hacen foco sobre una cabeza clava, un pututo strombus y el lanzón monolítico mientras el eco de sus pasos rebota contra el laberintico magnetismo subterráneo de Chavín de Huántar (1500 a.C. – 550 a. C.).

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Cada niño lleva entre sus manos una caja de cartón. En uno de sus costados hay un cuadrado de aluminio y un agujero. Por allí pasa la luz. Haces sólidos y otras luminiscencias estallan sobre el papel fotosensible de la caja en metáfora inmediata con nuestra vulnerabilidad primaria. Como ese primer rayo que nos atravesó los ojos cuando despertamos sobre el planeta Tierra. Como ocurrió con aquellos artistas que pintaron a un venado atrapado en una red sobre los espléndidos murales de Cerro Ventarrón (2600 a. C. – 1900 a. C.). Remolinos de viento lamen sus paredes. Vibrante como la energía y monumentalidad que desprenden los templos Nichitos, Blanco y Manos Cruzadas de la cultura Kotosh (2200 a. C. – 1500 a. C.), fotografiada también por los niños y sus cajas.

(Foto: Taller Helios)

La propuesta era trabajar con la luz como experiencia sensorial, como fenómeno, comenzando por la cámara obscura. Con técnicas artesanales de los inicios de la fotografía y del cine. Y como la curiosidad infantil conjuga bastante bien con estos procesos, convocamos a grupos de niños que viven en las inmediaciones de las huacas para establecer una relación entre arqueología, fotografía estenopeica y fotografía sin cámara —quimigramas y fotogramas— por su diálogo afín con el tiempo y la materialidad. Presentamos el proyecto al concurso de Gestión Cultural otorgado por la DAFO del Ministerio de Cultura y lo ganamos”, dicen la realizadora audiovisual Ivonne Sheen (27) y la fotógrafa Maricé Castañeda (39), creadoras del Taller Helios, espacio de experimentación para prácticas intuitivas en laboratorio.

-Orígenes del rayo-

Todo ello solidificó en “Horizonte Temprano”, incursión a cuatro huacas ubicadas en Cajamarca, Huánuco, Lambayeque y Ancash, pioneros en la edificación monumental. Cada niño tuvo que fabricar su propia estenopeica con lo que tuviesen a mano: latas de café, cajas de panetón o de zapatos. Todo podía transformarse en una cámara. Una breve explicación sobre la luz como fenómeno, la formación de la imagen en el ojo y el mecanismo de reproducción en la cámara oscura bastaron para poner en movimiento al menudo ejército, que se lanzó sobre templos y murallas. Y también sobre plantas y otros aparejos que el papel fotosensible transformó en insólitas obras de arte conceptual.

(Foto: Taller Helios)

(Foto: Taller Helios)

En el proceso, una niña nos llevó a la casa donde había nacido y que ahora era parte del patrimonio arqueológico. Otra niña nos condujo hacia la gran piedra que destruyó parte de Chavín en 1945. Un niño nos mostró el lugar donde crecía el anís en Chavín. Y así en todas las huacas. De modo que no solo les enseñábamos las técnicas, ellos también nos mostraban su mundo. Luego incursionamos en los orígenes del cine con un fenaquistiscopio y un artefacto muy bridge de animación manual. Los niños pintaron una película de 16 mm y esa intervención, su propio film, fue proyectado sobre las paredes. El último día realizamos ejercicios de escucha en la naturaleza y escribieron una postal para los niños de las otras huacas y así generar una correspondencia entre ellos”.

(Foto: Taller Helios)

(Foto: Taller Helios)

La experiencia, además de resultar entrañable para ambas partes, arrojó un cúmulo de imágenes cuyo indudable valor artístico incluye el potencial del error: siendo una de sus premisas el ejercicio creativo empírico, la imperfección fue adquiriendo un valor único en tanto forma expandida de percepción lumínica. Y eso también aparece en la publicación epónima de cinco pequeños tomos que KWY Ediciones acaba de lanzar. El epígrafe que los precede, firmado por Mario Montalbetti, resulta de lo más pertinente y significativo: “Y, después de todo, es a los rayos que han caído sobre estas piedras desde hace siglos a los que regresamos”.

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