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Gustavo Rodríguez lanza podcast Machista con hijas: no he tenido que pelear por ningún derecho al que no alcanzaba por ser hombre

¿Cómo preocuparte por la virginidad de tu hija sin abandonar la imagen de papá 'cool' que crees tener para sus amigas? En el pódcast, Rodríguez aborda esta y otras interrogantes. (Foto: Hugo Pérez).

Gustavo Rodríguez siempre vivió rodeado de hombres: en su casa, en el colegio, en su barrio. En su mundo, el de “los hombres no lloran” o el de los inodoros con la tapa levantada, la presencia femenina estaba circunscrita al ámbito doméstico: a su madre, a su abuela. Ese mundo se vio trastocado, remecido, con la llegada de tres hijas: Alesia (26), Maira (23) y Malú (20). La paternidad lo rodeó de mujeres y como dice en el primer episodio de su podcast, “ese mundo del que me había nutrido solo de hombres, empezó a inclinarse a otro más matizado, aunque incierto y lleno de cuestionamientos”. Son esas interrogantes, esas dudas y prejuicios también de los que habla en esta serie de 10 audios acuñados bajo el título “Machista con hijas”.

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Cada miércoles se estrenará un nuevo episodio a través de Podimo, que es una plataforma de origen danés que se dispersó por Europa, entró a España y de ahí dio el salto a Latinoamérica. En ese avance decidió contactar a distintos escritores, creadores de contenido, en países de Iberoamérica para invitarlos a generar podcasts. Así eligieron a Gustavo Rodríguez aquí en Perú.

¿Cómo elegiste el nombre y la temática del podcast?

Lo que voy a comentar es de alguna manera una infidencia. Hace dos años me llamaron de otra plataforma de audiolibros para crear una novela por capítulos, tipo Netflix. Entonces, escribí esa novela –que también va a salir en impreso a la vez– en la cual creé un alter ego que se exponía a una de mis mayores pesadillas: que una de mis hijas fuera víctima de violencia contra la mujer. Entonces, al escribir esta novela frenética, que tiene que ver con el machismo de la sociedad y el mío también, me di cuenta de que tenía muchas cosas que no podía meter en ella y que quedaron rebotando al lado. Cuando me preguntaron si me gustaría hacer un podcast, inmediatamente pensé en todas las anotaciones que tenía al margen o en aquellos pensamientos que se me habían ocurrido al escribir esa novela. Y dije sí. Todo lo que tengo acumulado, aprendido y desaprendido desde que fui padre hasta la actualidad. Y así nació “Machistas con hijas”. El título nació a la vez que transmitía la idea.

‘Machista’ es una palabra de connotación negativa. ¿Por qué no “Papá feminista con hijas”?

Feminista es una palabra que a mí me queda muy grande porque creo que nunca voy a dejar de ser machista en un rincón de mi consciencia. Porque es muy difícil erradicar tantos años de mamar machismo en mi familia, en mi colegio, en mi barrio. Y el prejuicio está ahí siempre, latente. Entonces, prefiero ser honesto conmigo mismo, evitarme posibles problemas –porque en algún momento podría cometer deslices– y decir que, en vez de ser feminista o un aliado del feminismo, soy un machista en constante redención. En el último episodio del podcast llego a esa conclusión.

Hay mucha sensibilidad en torno al feminismo. A veces, se dice algo con la mejor intención, pero…

De acuerdo. Hay una dimensión de cuidado, de prudencia que utilizo para no decirme feminista, sí. Pero también es verdad que a lo largo de mi vida yo no he tenido que pelear por ningún derecho al que no alcanzaba por ser hombre. Soy hasta heterosexual. De verdad, honestamente, soy parte, digamos, del pináculo que no tiene que preocuparse ni gastar energías extras en pelear por sus derechos. Yo jamás tuve que pelear por votar, jamás tuve que renegar porque tenía que lavarle el plato a mi hermano. Nunca he tenido que preocuparme si el jean me queda muy pegado o si el short que uso es muy corto. Entonces, no puede arrogarme ningún tipo de heroísmo, simplemente porque no puedo hacerlo sabiendo que una mitad del mundo sí tiene que luchar por eso día a día. De hecho, en el primer episodio del podcast lo pongo de arranque. A mí me empezó a llamar la atención (en ese momento no, pero con el tiempo me fui dando cuenta) que con mi primera hija la gente se admiraba de que yo le cambiara los pañales ocasionalmente, cuando me pescaban en esa faena, pero a mi esposa jamás le alababan eso cuando ella se dedicaba el 95% de las veces. Entonces, hay campanitas que empezaron a activarse en mí y que han encontrado su canal de expresión en este podcast.

¿Cómo preocuparte por la virginidad de tu hija sin abandonar la imagen de papá ‘cool’ que crees tener para sus amigas? En el pódcast, Rodríguez aborda esta y otras interrogantes. (Foto: Hugo Pérez). (Hugo Perez/)

¿Qué otros temas vas a abordar? ¿De qué tratarán los otros capítulos?

Son 10 capítulos. Mi táctica narrativa fue la de elegir una anécdota que llame la atención, que detone la reflexión o el ensayo posterior, más los puntos de vistas de mis hijas, con su propia voz. Así, por ejemplo, el primer capítulo narra sobre la educación sexual y los anticonceptivos, hay otro capítulo muy duro, pero del que creo que salgo airoso, que tiene que ver con el aborto. Hay otro que tiene que ver con las mujeres y el alcohol. Uno más que tiene que ver con los tatuajes de mis hijas. ¿Cómo se enfrenta algo en apariencia tan doméstico, pero que tiene que ver con quién finalmente es dueño de su cuerpo cuando eres mujer? ¿Otro hombre? Es decir, ¿su padre? Este tipo de preguntas y temas que van más allá de decir simplemente “no me gusta que te tatúes” los desarrollamos en el podcast. Otro tema es el Me Too, que nace de mi admiración por Woody Allen y el desprecio que Maira, una de mis hijas, le tiene. Y a raíz de una discusión, nace un episodio completo.

¿A quién o quiénes va dirigido el podcast? ¿Qué mensaje quieres transmitir?

Originalmente, mientras escribía los capítulos, me imaginaba a padres en la misma condición que la mía. Pero conforme los iba desarrollando me daba cuenta de que en realidad les estaba hablando a todos los integrantes de una familia, porque el tema del machismo, del prejuicio, de la falta de equidad, les compete a todos los componentes de una familia y de paso, siendo la familia el núcleo de la sociedad, también podría estar hablándole a una sociedad. Entonces, creo que los textos terminaron atravesando las fronteras de un solo tipo de oyente. De hecho, el miércoles se lanzó el podcast, y ya está ocurriendo en Instagram, amigas de mis hijas que están recomendando el podcast de manera indirecta como para que sus padres u otros padres lo escuchen.

Creo que más que lo que se dice en el podcast, probablemente lo que más se lleve uno es la atmósfera que reina en él. Una atmósfera de confianza entre mis hijas y yo, por lo cual podemos hablar de ‘x’ temas sin escandalizarnos o tocándolos con prudencia, porque creo que es así como termina construyéndose la armonía de una familia y, finalmente, la armonía de una sociedad. No destruyendo inmediatamente con tu primera reacción a aquél que se te acerca humildemente a darte su opinión. Creo que mi único gran consejo, ya como padre ahora, es que si tu hijo o tu hija de cualquier edad, se te acerca a contarte algo, por más que te escandalices, muérdete la lengua porque en el momento que te escandalices y lo censures mínimamente, ese hijo o esa hija nunca te va a volver a compartir nada. Entonces, creo que lo primero que tenemos que aprender los padres es justamente, a aguantar nuestros prejuicios y a ponerlos en la congeladora, por más que nos cueste.

¿Qué actitudes machistas sientes que persisten en ti o te cuesta resolver en la crianza de tus hijas?

A la edad de mis hijas ya no me queda tanto criar, sino más bien cosechar. El tema que más me costó abordar con ellas fue el del sexo, la vida sexual. Hay varias anécdotas a lo largo del podcast. Es como que solo los hombres podemos hablar del sexo con total naturalidad y desparpajo y las hijas no tanto. Yo mismo soy muy desparpajado con mis dobles sentidos de referencia sexual, con mis amigos, con adultos, pero con ellas me ha costado mucho. Recién, últimamente me estoy despegando de eso. No sé si ellas hubieran sido hombres habría sido más natural con eso. Creo que ese es un tema que me cuesta hasta ahora.

Otra cosa de la que no me desprendo aún y me sorprendo muchas veces en ese pensamiento es que cuando en un programa de televisión van a presentar a especialistas encumbrados de cualquier especialidad y yo imagino que va a aparecer un hombre. Siempre espero y cuando aparece una mujer, me sorprendo. Entonces, esos son rasgos que me han acompañado desde siempre y dudo que se me terminen de ir. Solamente queda esperar que se vayan diluyendo con el paso de las generaciones.

¿Consideras que la sociedad está cambiando al respecto? Hay movimientos de mujeres que hacen notorio el desempeño de la mujer en la sociedad y la inequidad también.

El hecho de que se hable más del tema y de que haya más reacción en las redes ya es señal de avance. Lamentablemente, aunque suene duro, probablemente el hecho de que ahora reporten más feminicidios o que haya más noticias sobre ello, no significa que no se haya avanzado, sino que estas tragedias son lamentables productos del avance. Lo digo de otra manera, hace varios años con Sandro Venturo lanzamos “Ampay Mujer”, mucho antes del Me Too, mucho antes de que esto fuera parte del día a día, nos pusimos a estudiar literatura sobre la mujer en América Latina y llegamos a una conclusión muy sencilla y es que cuando la mujer cambia su rol en la familia, cambia toda la sociedad. En el censo de 1981 una de cada cuatro relaciones era de convivencia y en el siguiente censo ya era paridad, era uno a uno. Eso implica cambios impresionantes, implica obviamente que la mujer ya no ve en el matrimonio una “carrera de vida”. Entonces, este descolocamiento que sufre el hombre cuando la mujer alcanza y ocupa otros espacios, explica pues violencia, explica fragmentaciones, explica contra reacciones. O sea, se está moviendo la sociedad. Y el Perú es una de las últimas naciones en moverse. Recordemos que el Perú fue el penúltimo país de América Latina en el que la mujer votó y lo hizo por razones de cálculo político, no porque en verdad fue una causa por la cual se peleara.

El hecho de que ahora haya tanta fricción es señal de que los cimientos del conservadurismo se están moviendo, porque nadie sale a reclamar cuando el statu quo se mantiene.

¿Qué has desaprendido en este camino de convivir, criar y acompañar a tres hijas mujeres?

Desaprendí que la voz que más ronca, la que más fuerte habla es la que es más escuchada. Yo me he vuelto mucho más tolerante con la paternidad, me he dotado de cierta paciencia y tolerancia para entender al otro.

Más información

“Machista con hijas” es una serie de audios de 10 episodios. Cada miércoles se publicará un episodio nuevo en la plataforma Podimo. Para acceder a ella de manera gratuita por un mes, ingrese a https://podimo.com/latam/machistaconhijas

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