Espectáculos

El flautista ciego que recupera las calles de San Isidro mientras una disquera le rinde homeaneja recopilando sus grandes éxitos | LUCES

Trust Project

Conforme a los criterios de

Saber más

Sobre la vereda de una calle en San Isidro, un hombre ciego besa una quena. Los acordes vuelan hasta el cristal de los edificios, rebotando. Remezclándose con los motores a combustión. Para el transeúnte, entonces, la flauta será un medio de transporte invisible hacia una geografía equidistante entre la cordillera y la jungla: su flujo melódico invoca ese desgarro típico de las soledades altoandinas, sí, pero esta vez el torrente viene cargado con matices festivos. Con colores salvajes. Con un registro cromático que desborda las tres octavas y gana los aires como aquellos ‘vientos desenroscados de la Esfinge’ a los que cantaba Vallejo.

MIRA: Bartolomé Reyna, el último hacedor de flautas

Y si nuestro poeta universal fue también quien escribió ‘lo entiendo todo en dos flautas / y me doy a entender en una quena’, será un músico ciego del siglo 21 quien termine corporeizando el poema: todos los días a las 9 de la mañana toma el Metropolitano en Independencia, baja en San Isidro, camina hasta la sexta cuadra de Las Begonias y se agacha para colocar delicadamente su sombrero en el suelo. Acto reflejo que en el caso de Andrés Vargas Pinedo (Yurimaguas, 1943) adquiere la categoría de un ritual: además de ser el compositor pionero, es el único sobreviviente de aquellas primeras oleadas de músicos populares amazónicos que llegaron a Lima y, a golpe de talento, lograron perpetuar su arte sobre acetato. Vargas Pinedo lo sigue haciendo… sobre el asfalto.

Andrés Vargas Pinedo. (Foto: Andrés Vargas Pinedo)
Andrés Vargas Pinedo. (Foto: Andrés Vargas Pinedo)

A sangre y fuego

“Cuando tenía 11 años decidí salir de Yurimaguas rumbo a Iquitos para dedicarme completamente a la música”, recuerda el maestro. “El nombre de mi primer grupo salió de un hachazo cuando un amigo se topó con un tronco de huacapurana. Le dio tremendo golpe que brotó un líquido igualito que la sangre. Así fundé el grupo Corazón de la Selva en 1965. Éramos guitarra, charango, maracas, bombo, dos redoblantes, dos coristas mujeres y yo como quenista y compositor. Nos llamaban para todas las fiestas. Pero nos hicimos muy conocidos cuando fuimos entrevistados por ‘El Shicshi’ en Radio Amazonas y ‘Ranil’ en Radio Loreto. Nos escuchó el alcalde de Maynas y nos compró los pasajes para que grabemos nuestro primer disco de 45 r.p.m. en Lima”.

Después de una semana de viaje llegaron a la capital. Tenían poco equipaje, tampoco lo necesitaban. Desembarcaron, eso sí, tres prendas que se habían encargado de enhebrar con esmero: “Uchpagallo” —melodía tradicional de la selva trabajada en ritmo de sitaracuy—, “Punchacacho tutacacho” —melodía en tiempo de changanacuy— y “Alegría de la selva” —tema de movido inspirado en el trinar de un ave—. Apenas fueron estrenados en vivo por “La hora del pacharaco” de Radio Agricultura, les llamó Polidorio García, director de la disquera El Virrey. “Ustedes no merecen un sencillo, yo les grabaré un LP”, les dijo.

E inmediatamente improvisó un estudio en el cine Coloso de La Victoria y los encerró. Y así, con el apoyo de César Zárate de Los Pacharacos en el violín, Vargas Pinedo y su orquesta grabaron su primer larga duración, 12 canciones que vieron la luz en abril de 1966 y la disquera presentó como ‘la síntesis de nuestra Amazonía’. Entonces toda la selva se movió durante un año a su ritmo. Hasta el 3 de octubre de 1968: en el mismo instante que ocurría un golpe de estado en Lima, el hijo ilustre de Yurimaguas hacía lo propio con su quena, sus bombos y redoblantes: “Picaflor Loretano”, su nuevo álbum, se grabó en el auditorio de Radio Atlántida de Iquitos para convertirse en otro bombazo del área folklórica de El Virrey.

Andrés Vargas Pinedo a los 11 años salió de Yurimaguas rumbo a Iquitos para dedicarse a la música. (Foto: Andrés Vargas Pinedo)
Andrés Vargas Pinedo a los 11 años salió de Yurimaguas rumbo a Iquitos para dedicarse a la música. (Foto: Andrés Vargas Pinedo)

Pintando sueños

He ahí la génesis de los quince temas que Buh Récords acaba de remasterizar y lanzará en vinilo el mes de mayo. Un bloque compacto que va desde las afiebradas danzas del sitaracuy —hormiga que muerde— y la pandilla hasta otros géneros propios de la espesura: el movido, la cajada, el chimayche, el changanacuy y el bombo baile, estos últimos asociados a festividades litúrgicas. Cada danza tiene su ritmo interior. La constante es un bombo sincopado sobre el que navega una quena de líneas tan agudas como el trinar de un pájaro. A veces sale una voz hablando en alguna de las 300 formas lingüísticas que pueblan la floresta.

Pero, sobre todas las cosas, es un homenaje a don Andrés Vargas Pinedo, creador autodidacta y referente ineludible del sonido amazónico. Ese que salió de la espesura, conquistó la urbe y terminó sintetizando ambos mundos. Su epicentro, claro, está en Yurimaguas y en los pueblos ribereños de la Selva Alta en límite con la sierra. Y por eso todo el soporte melódico gravita en la quena, instrumento con 6 mil años de antigüedad cuyo eco repercute desde los páramos de la altiplanicie hasta entre los edificios de San Isidro. “Yo soy un hombre normal cuando sueño y cuando toco, ahí lo veo todo”, dice el maestro, que a sus 77 años sigue saliendo todos los días a pintar con sus sueños las calles de la ciudad capital. Un héroe, sin duda.

Andrés Vargas Pinedo. (Foto: Andrés Vargas Pinedo)
Andrés Vargas Pinedo. (Foto: Andrés Vargas Pinedo)

El disco

Título: “El Fabuloso Sonido de Andrés Vargas Pinedo – Una colección de música popular amazónica (1966-1974)”.

Año: 2021.

Sello: Buh Récords.

El dato

Anuncio y pre venta:

Lanzamiento del LP: 17 de mayo.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

elcomercio.pe

Siguenos en Google News como: El Comercio Online

El Comercio Online

Leave a Reply