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¿Pueden los padres dejar de padecer al colegio a sus hijos por miedo al COVID-19? – Prensa Desocupado

Shutterstock / Sam Wordley

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De acuerdo con la Convención sobre los derechos del pibe, a los padres les incumbe la responsabilidad primordial de su crianza y crecimiento y, en prueba de dicha responsabilidad, su preocupación fundamental será siempre el interés superior del pibe.

Asimismo, el Código civil dispone que la nación potestad, como responsabilidad parental, se ejercerá siempre en interés de los hijos, de acuerdo con su personalidad y con respeto a sus derechos y a su integridad física y mental.

Por su parte, los poderes públicos deben respetar y apoyar el prueba de esa responsabilidad parental y tienen la obligación de implantar una enseñanza obligatoria y gratuita que asegure el derecho a la educación de todos los niños entre 6 y 16 abriles.

El Estado debe certificar el llegada a las conocimiento

Ahora aceptablemente, el llegada a las conocimiento debe garantizarse por el Estado no solo en condiciones de universalidad, gratuidad y calidad, sino igualmente de seguridad. No se puede certificar el derecho a la educación sin unas mínimas condiciones de lozanía para los niños. El problema surge cuando los padres piensan que esas condiciones no se dan y se puede poner en aventura la lozanía de los niños.

La resolución del conflicto exige poner en el centro de la discusión los derechos del pibe para, desde ahí, determinar la responsabilidad de padres y poderes públicos. El pibe es titular del derecho fundamental a la educación, no los padres, que están obligados a padecer a los niños al colegio durante la etapa obligatoria.

Por su parte, los poderes públicos están obligados a implantar un sistema educativo de calidad y seguro. No poner todos los medios y capital públicos necesarios para certificar las condiciones sanitarias en los centros escolares supone una distrito difícilmente razonable de un derecho fundamental constitucionalmente consagrado.

Derecho fundamental

No padecer al pibe al colegio por miedo al contagio no parece ser, por si sola, una razón suficiente para privar al pibe de su derecho fundamental a la educación, por muy bienintencionada y humanamente comprensible que sea.

Toda intrepidez de los padres sobre la vida de sus hijos debe apañarse la satisfacción del interés superior del pibe.

El objetivo de este fundamental concepto, presente en toda nuestra constitución, es precisamente certificar el disfrute pleno y efectivo de todos los derechos del pibe: derecho a ser escuchado, a la vida, a la supervivencia y el crecimiento, a la no discriminación, al engranaje y el esparcimiento, a un nivel de vida adecuado, a la identidad, al mayor nivel posible de lozanía, a la confianza de expresión y de información, a la confianza de conciencia, pensamiento y religión y, entre otros, igualmente, el derecho a la educación.

Los padres tienen la obligación de respetar los derechos del pibe en el prueba de su responsabilidad parental, por lo que su opinión personal sobre lo que en cada caso sea “lo mejor” para su hijo en ningún caso podrá estar por encima del cumplimiento de esos derechos.

La nación potestad no puede seguir siendo entendida como el prueba de un poder partidista que faculta a los padres a tomar la intrepidez que les parezca oportuna respecto de sus hijos (ir o no ir al colegio, según el origen subjetivo de preocupación por el contagio), sino como una responsabilidad para que en cada de una de dichas decisiones se busque siempre el maduro nivel de satisfacción de todos los derechos del pibe.

Los derechos del pibe (de)limitan necesariamente el prueba de la nación potestad y obligan a una ponderación de todos ellos atendiendo a las concretas circunstancias.

Los derechos del pibe deben estar en el centro

En momentos de crisis como la que actualmente vivimos el temor, la incertidumbre y la escasez de capital pueden poner en aventura la realización de los derechos del pibe en la que tanto hemos renovador desde que se ratificó la Convención sobre los Derechos del pibe, hace ya treinta abriles.

En particular, es imprescindible certificar el derecho del pibe a la educación porque la educación es mucho más que la mera escolarización oficial para la adquisición de contenidos.

La educación permite el crecimiento holístico de la personalidad del pibe, le da herramientas para aventajar limitaciones y someter desigualdades, supone una oportunidad para el esparcimiento, el engranaje y la socialización del pibe, procura un entorno protector y de cuidado, promueve el respeto y la billete del pibe y lo prepara para su vida adulta de acuerdo con un ámbito ético y de títulos democráticos. La educación persigue el crecimiento holístico del pibe hasta el mayor de sus posibilidades, su integración en la sociedad y su interacción con otros.

La escolarización es necesaria para satisfacer el derecho a la educación del pibe, pero es igualmente un medio para la realización de otros muchos derechos imprescindibles para el crecimiento integral al que igualmente el pibe tiene derecho.

El miedo al contagio puede privar al pibe de mucho más que de tomar clases, especialmente cuando se comercio de los colectivos más vulnerables. Es responsabilidad de todos poner los derechos del pibe en el centro.The Conversation

Clara Martínez, Directora de la Cátedra Santander de los Derechos del Criatura de la Universidad Pontificia Comillas, Universidad Pontificia Comillas

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el flamante.

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