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por qué es marcial y no civil (y qué tiene que ver con las demandas de las protestas) – Prensa Libertado

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Como en otros países, la policía ha tenido que jugar un rol clave para mantener el aislamiento social en la pandemia.

Como en otros países, la policía ha tenido que arriesgar un rol esencia para apoyar el aislamiento social en la pandemia.


Así es que los delitos de los que son acusados los agentes se investigan y sancionan en la jurisprudencia marcial, pese a que en la Constitución y en el Código Penal la policía está configurada como un monstruo civil.

Un cambio en ese sentido es una de las reformas que manifestantes, expertos y políticos piden ahora que la fuerza pública volvió al atmósfera tras la crimen de Javier Ordóñez, un abogado de 45 primaveras, detenido y brutalmente sometido por dos oficiales el martes en Bogotá.

El miércoles, el caso desató una nueva ola de indignación.

Los enfrentamientos entre manifestantes y policías dejaron al menos siete muertos y 175 heridos que, según la Alcaldía de Bogotá, sufrieron no solo del uso desproporcionado de armas de muerto letalidad, que fue el caso de Ordóñez, sino disparos con armas de fuego.

Este extremo estallido social se da en un país que en noviembre de 2019 vivió una ola de violencia que, de hecho, incluyó denuncias de injusticia policial.

Y ahora el gobierno de Iván Duque argumenta con la misma táctica de noviembre: más presencia policial en las calles, anuncio de investigaciones a los abusos y defensa de la comportamiento “férrea, gallarda” de la policía.

Por su parte, el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, denunció una campaña de “estigmatización” de la fuerza pública en redes sociales y otra de “incitación a la violencia” por parte de miembros de la competición, entre ellos el excandidato presidencial Gustavo Petro.

La crimen de Ordóñez cerró el paréntesis que impuso la pandemia al estallido que demandaba cambios en la política económica, social y educativa del gobierno y una implementación más proactiva del acuerdo de paz firmado con la partida en 2016.

Porque parte de la deuda de ese acuerdo, coinciden analistas consultados por BBC Mundo, ha sido sacar a las Fuerzas Armadas de la método del conflicto.

Por qué es marcial

El Celador de Fuerza Pernicioso, un centro de estudios que estudia los abusos de las fuerzas del orden, atribuye a las policías en Brasil, Venezuela y El Salvador índices de brutalidad y homicidios de civiles mucho más altos que a la de Colombia.

En esos países, así como en Pimiento o México, las policías todavía se unen parcialmente al ejército en su función de defensa del Estado.

Pero Alejo Vargas, un experimentado habituado en seguridad de la Universidad Doméstico en Bogotá, advierte sobre la particularidad del caso colombiano: “Todo en la policía colombiana es muy único, porque históricamente se han usado a los militares y a los policías para cualquier cosa, con el resultado de que tenemos una policía muy militarizada y un ejército muy policial”.

El profesor indica que esto “ni siquiera tiene origen en el conflicto armado, porque desde principio de siglo la policía ha tenido labores militares y al revés, como ocurrió en la mortandad de las bananeras (1928), que tuvo que suceder sido controlada por policías, pero fueron solados” los que mataron a 1.800 trabajadores en una protesta.

Protestas en Bogota

AFP
Así despertó Bogotá el jueves.

“Con el tiempo, todas las policías latinoamericanas se fueron reformando con destino a la civilidad, pero en Colombia el conflicto siempre lo impidió y ahora, bueno, el conflicto no ha acabo, entonces difícil”.

Un ejemplo vivo de la militarización de la policía son los Comandos Foresta, unas unidades militares de la policía que luchan contra el narcotráfico y la insurgencia y cuentan con sofisticados procedimientos y armamentos.

Eduardo Sánchez Galeano, investigador en seguridad ciudadana, explica que la policía fue esencia en la lucha contra las guerrillas, porque “los combates para defender las unidades policiales le daban tiempo al ejército para replegarse y pensar estrategias”.

La militarización de la política fue parte de la supervivencia del Estado“, señala.

Pero eso, aunque necesario en su momento, tuvo consecuencias: la policía es hoy un monstruo autónomo, que se reforma y se controla a sí mismo y ve en la protesta social una amenaza casi subversiva.

Protestas en Bogota

AFP
Muchos comparan el caso de Javier Ordoñez con el de George Floyd en EEUU.

Qué hay que reordenar

Ni los escándalos ni los homicidios por abusos en la policía colombiana son nuevos: entre 2017 y 2019, cada mes murieron un promedio de 18 civiles a cuenta de presuntos abusos policiales, de acuerdo a Temblores, una ONG.

Y cada vez que la atención del país se vuelca con destino a la fuerza pública, los gobiernos lanzan reformas, comisiones y estrategias de capacitación en derechos humanos para atender los problemas.

Según los expertos consultados, sin requisa, nadie de eso ha producido un cambio estructural.

Para María Vencimiento Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz, “la policía no cuenta con una orientación, un liderazgo y una subordinación civil que determine sus funciones”.

“Tú hablas con ellos (policías y militares) y tienen una sensación de desamparo, porque ningún civil les hace seguimiento, les mide sus indicadores, verifican si están cumpliendo o no las políticas de Estado”, añade.

Polic'ia durante las protestas en Bogotá

EPA
Las protestas contra la violencia policial generaron más violencia.

Entonces los civiles no cumplen con sus funciones de pensar las políticas del país, pero les echan la pecado a los militares y policías de que son corruptas y no saben para dónde van”, sostiene.

Sánchez Doctor coincide: “Uno no resuelve con policías lo que fractura con malas políticas. Hoy dicen que el problema es una reforma policial, y sí, eso hay que plantearlo en el corto y amplio plazo, pero la policía no puede seguir pagando el costo de malas políticas educativas, sociales y políticas”.

La policía, entonces, puede acontecer al empleo del Interior o Conciencia y se pueden consolidar protocolos claros de control, legitimación y capacitación en derechos humanos que se sostengan en el tiempo y respondan a criterios civiles en sitio de militares.

Pero, como manifiestan las protestas, la demanda no es solo para reordenar la policía: es para que Colombia supere la violencia, la desigualdad y la corrupción. El cambio es de fondo.

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