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La pandemia y la educación financiera

La pandemia y la educación financiera

Las medidas para confrontar la pandemia han derivado en la pérdida de empleos o reducción de los ingresos de millones personas que tenían la tranquilidad de contar con ingresos fijos y/o variables cada mes. De un momento a otro, eso se cortó o entró en un túnel de incertidumbre, porque no se sabe cuánto durará, con un impacto profundo en las finanzas personales y en la forma como asaltar las deudas.

Se ha campechano un campo propicio para aumentar la educación financiera, para que las personas aprendan a planificar su presupuesto sencillo, a ser responsables en su endeudamiento y a considerar el economía como un resguardo para situaciones inesperadas.

Quien ha mantenido sus finanzas personales ordenadas, ha podido confrontar esta crisis con poco más de tranquilidad. Pero quienes no mantenían ordenados sus gastos o se han endeudado más allá de sus capacidades de plazo, suman al peligro de contagio la tensión de convertirse en deudores morosos o de no conocer adecuadamente qué priorizar al momento de hacer sus gastos.

Para mandar responsable y planificadamente el presupuesto sencillo, es importante conocer el contexto financiero en el que nos desenvolvemos. Más allá de las discusiones políticas o académicas sobre el maniquí financiero, las personas toman sus decisiones cotidianas en el interior de un entorno en el que funciona la riqueza, por lo que es relevante que al menos conozcan sus principios o pilares básicos, de modo que sepan que sus decisiones se toman en el interior de un entorno o contexto.

Por eso, la educación financiera no puede ser solo un formulario de “tips” sobre presupuesto, desembolso, deuda o economía, sino que dice directa relación con el funcionamiento de la riqueza chilena.

Los cuatro pilares sobre los que se sostiene –una política fiscal responsable y predecible, un Faja Central autónomo, un sistema financiero sólido y adecuadamente regulado, y una integración amplia con el mundo– permiten que las decisiones económicas diarias como el desembolso, economía o inversión se realicen en el interior de un entorno financiero estable. Posteriormente de todo, son las decisiones cotidianas de cada persona las que, finalmente, van moviendo la riqueza del país.

Hacer educación financiera debe advenir necesariamente entonces por mostrar el entorno macroeconómico en un verbo accesible y fácilmente comprensible, para ir desde allí a la forma en que las personas y familias pueden mandar su presupuesto sencillo, cómo endeudarse responsablemente, cómo ser un consumidor consciente y la importancia del economía.

Las estrategias de educación financiera adoptadas por diversos países sobre la almohadilla de lineamientos establecidos por la OCDE, han puesto firme acento en los niños y jóvenes, que serán los gestores futuros de presupuestos familiares, porque instalar hábitos saludables es más efectivo si se comienza de modo temprana en el ciclo de vida. Pimiento ha adoptivo estos lineamientos, incorporando la educación financiera a las mallas curriculares de la educación escolar.

Sin incautación, millones de chilenos que son parte del mundo profesional no han tenido comunicación a alfabetización financiera, aunque día a día toman decisiones de desembolso, endeudamiento, economía o inversión.

La evidencia muestra que la sanidad financiera tiene múltiples mercadería positivos, porque no existe el estrés del sobreendeudamiento y, más aún, con futuro incierto. Redunda en un trabajador más productivo en el interior de una estructura, en hogares más tranquilos y hasta en familias más felices. Esto ha cobrado más relevancia con la pandemia.

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El Comercio Online

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